jueves, julio 02, 2009

Crónica de Oporto y un cuarto de siglo

En un intento por cumplir el cometido he escrito mi versión de crónica, donde hablo de todo excepto de lo que se me ha pedido. De antemano pido disculpas. No es que quiera excusarme pero como dato al margen quiero decir que el texto ha cobrado vida ignorando mis deseos y exigencias por cumplir los requisitos al pie de la letra.
Para cumplir 25 años uno debe cerrar los ojos y no sentir el tránsito del tiempo. La vida siempre me ha venido con sabor a fruta y de todos los colores. Es un año frambuesa, pensé antes. Ahora van tan solo unos días en mi nuevo estado y cada vez me siento más segura, es un año frambuesa.
Las fechas importantes me ponen ansiosa, les esperas como si todo girase en torno a ellas y luego vuelan, no les alcanzas, el momento se te escapa de la mano. Por ello me decidí ignorarlas. Quizá les tome de sorpresa y las atrape en mi bolsita mágica, donde se guardan los momentos que tienen chispitas de luz.

Cronología de hechos:
· Despierto, 12 pm, felicidades, estas son las mañanitas, tanti auguri, pastel de helado, mordida, mi hermanita, amigos, risas y mis ojos despintados. Una voz que me abraza desde la distancia, mamá, papá…
· Finta al tiempo, cierro los ojos.
· Despierto en blanco y negro, una imagen éxito, el cosmopolita Nueva York, un cuadro donde detrás de lienzo yo leo un eres importante para mí.
· Oporto

Entonces salte el espacio, encontré ese hoyo negro que te sirve de puerta a otra parte y vengo acompañada. ¿Qué se hace cuando se cruza el espejo para llegar al mundo que se ve enfrente? Veo gente con un chipote chillón en mano. El martillito de juguete se duplica y triplica, todos lo tienen. Yo quiero un martillito de color rosa como mis frambuesas.

Me gustan los sueños porque te dan libertad creativa, y como es mi sueño lo manipulo a mi antojo. Así mi amiga tiene el chipote chillón y jugamos a ser parte de la fiesta de San Juan. No hablo portugués, no había estado antes donde no hablasen un idioma conocido. Me gusta y me desespera. No lo controlo todo, nunca es así pero me engaño de vez en vez para tranquilizarme.

Somos todos los que estamos y ninguno, no lo sé. Es una metáfora internacional, inter-pensamientos, inter-espacial, inter-tiempo. Recorremos las calles de este lugar que podría pertenecer a todos pero le he tomado prestado por unas horas. Ellos creen que es pueblo muerto, no saben que le he secuestrado para traerlo a mi historia.

Podría describir sus callecitas encantadas, los grandes árboles, el rio, y otros detalles de ojo urbano, pero prefiero decir que fueron ellos. ¿Qué dirías si pudieses robarle un día a la vida de la gente que quieres para que te acompañase a soñar?