miércoles, octubre 20, 2010

Adobe o conociendo a amarilla

Llevaba tantos años ahí que estaba acostumbrado a todo, las manitas de los niños, los pelotazos, los abrazos escondidos, los perros, el viento, la lluvia, los chismes, hasta el pequeño incendio que tuvieron en el 83. Había perdido la capacidad de asombro. ¿Quién lo podría juzgar por eso? Cuando Ramiro le dejó ahí, la ciudad no había crecido tanto. Ya entonces se decía que se expandiría en cuestiones de meses hacia el este, pero quién iba a creer eso, si no era más que campo y algunas casitas de pueblo.

Un día escucho a dos campesinos quejarse del Lic. Valencia.

-Pero Urbano, sé razonable, no es qui yo ‘sté di acuerdo, pero es el Licenciado, qui di todas formas hairá lo que quiera.

-Pos será muy “El señor gobernador”- decía Urbano con una voz ronca y engreída de campesino, imitando irónicamente la del gobernador. –Pero, estas tierras han sido de los Tepanecatl desde qui el general Cárdenas, qui en paz descanse, le hizo justicia a mis abuelos. Eran hombres trabajadores, qui se ganaron el aprecio de todo el pueblo. No te creas que les fue fácil. Tu ya sabes que “La zarzuela” es gente buena, pero hain pasado taintas cosas que no se desconfían de los extraños. Cuando mis abuelos llegaron no les hablaba naidien. Hasta el señor cura les evitaba.

-Hay Urbano… -

Ya no alcanzó a oír la conversación por que se alejaban cada vez más.

Meses después todo se lleno de retroescavadoras, arquitectos, ingenieros, albañiles y un cúmulo de gente de la construcción que trabajaba de sol a sombra. Se le veía algunas veces al Licenciado pasearse por ahí con otros señores de traje y zapatos boleados.

-Mi queridísimo Ricardo, estos son los terrenitos de los que te estaba hablando.-Decía el licenciado con su tono de camaradería. – Aquí enfrente va a estar la avenida principal. Ya le dije al ingeniero que no me vaya a escatimar, tres carriles de ida y tres de regreso, con sus respectivas laterales. ¡Qué avenida, carretara! No, si va a quedar precioso, vas a ver. Imaginate una fuentesita en cada glorieta, como las que vimos en España.

-Mi Ramoncito, sí la hiciste ca..ón, pues ya estamos. Al rato te mando el presupuesto. Ya verás que bonito centro comercial te voy a dejar. No más no se te olvide lo de mi casita eh! Mi vieja ya esta eligiendo hasta las cortinas.

-¿Qué paso mi Richard, pero cuando te he fallado? Saludame a Fernanda y a los niños.

Con los días se acabaron los campos de nopales, las flores, el riachuelito que corría a su paso. Se dejaron de oír los juegos de los niños. La Zarzuela se convirtió en cuestión de dos años en un complejo enorme para gente rica. Tuve miedo de que se deshicieran de mí. Sin embargo por algún milagro divino subsistí. Tal vez sea lo único que quedo de la comunidad. Habían decidido conservar algunos muros de adobe que quedaban dentro del centro comercial. Los limpiaron con sus químicos potentes, pero de alguna forma parecieron olvidarse de mí. Al final del día yo no era más que un pequeño brochazo que hizo un campesino por accidente hace años. Había sobrevivido inexplicablemente.

Pese a la restauración, y gracias a los arreglos del centro varías manchitas de pintura cayeron cerca de mí. Al principio me daba gusto tener compañía. Tanta soledad no es buena, no quiero ni hablar de las cavilaciones que se pueden tener estando en un muro viejo.

Había manchas de todos tipos, unas alargadas, otras que parecían finos puntitos, de todos los colores y varios pedazos de repellado. Al principio todo era fiesta, pero de pronto se empezaron las divisiones y luchas por el poder. Un pedazo de repellado escurrió y cayó sobre una mancha de pintura rosa. La pequeña mancha no soporto el peso y se derramo hasta el piso cubierta por él. Las demás manchas se molestaron mucho por lo ocurrido. Así que hubo que delimitar los senderos para escurrir.

Vaya, yo no había tenido esta clase de problemas. De cualquier forma hace mucho que yo no escurría. Se separaron por bandos y defendían su territorio a capa y espada. Mientras tanto, la plaza ya se había inaugurado. Aun faltaban algunos arreglos pero el tiempo les había ganado. El Lic. Valencia terminaba su periodo y debía dejar todo entregado. Ahora había tanta gente y las demás manchas hablaban tanto, que ya no podía concentrarme en nada. No solo ya no tenía demasiado tiempo para mis cavilaciones, sino que no tenía ni un momento de silencio. Estaba de mal humor todo el tiempo y creo que le daba miedo al resto de las manchas.

Un sábado se acercó un niño y estuvo jugando a desprender manchas de nuestro mundo. Sobra decir que todos estábamos preocupadísimos. Cuidábamos de los más pequeños por ser los más susceptibles a irse. Finalmente se fue la amenaza e hicimos recuento. Habíamos perdido cuatro repellados y seis gotas de pintura. Entre el desorden descubrí una vieja gota de pintura amarilla que se había atorado en un repellado y quedado justo a mi lado.

-Ha sido un caos todo esto, ¿no crees?- Me dijo amarilla

-Ya lo creo.-dije secamente.

Ella se veía tan contenta y hablaba tanto, que me había alegrado el día.

-Hace muchos años que quería hablar contigo.

-¿Me conoces desde hace muchos años? Por mucho serán dos años, que es lo que lleva el centro comercial.

-Te equivocas, yo llegue un poco antes que tú. Cuando Ramiro sacudió su brocha yo y otras tres gotas quedamos arriba luego vino el brochazo.

-¿Cómo puede ser que nunca supe de ustedes?

-Es que caímos justo en una hendidura del adobe, entonces no podías vernos. Hicimos algunos intentos por comunicarnos, pero con el tiempo perdimos la esperanza.

-y ¿Dónde están las otras tres gotas?

-Una de ellas fue absorbida por el adobe unos años después. Era tan pequeñita y delgada que no lo pudimos evitar. Otra no resistió los químicos que pusieron para limpiar el muro, ¿recuerdas?

-Sí, una pena. Lo lamento mucho.

-Ahora estábamos solo las dos, pero este chico nos tiro. Yo me pude sujetar, pero ella no lo logro.

-Las manchas tenemos una vida bastante difícil. Pero me da gusto que estés aquí

Los días se siguieron acumulando, llegaron manchas nuevas y perdimos otras tantas. Es difícil llevar un record de la vida en este muro ahora. No es como antes, la población ha crecido mucho. Ya no nos conocemos todos. No sé cuánto tiempo más me quede aquí, pero ahora amarilla y yo tenemos muchos años que ponernos al corriente.

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