sábado, octubre 02, 2010

Algarabía mexicana

De acuerdo a la RAE, los españoles utilizaban la palabra algarabía para denominar la lengua árabe, por lo mismo con el tiempo se uso para referirse a una lengua incomprensible. Con la evolución de la semántica su significado incluyó el gorjeo de pájaros o de niños, o voces y risotadas en jaleo incomprensible. Así que me ha parecido la mejor forma de referirme al centro histórico de la capital mexicana. Una fiesta de colores cubrieron la inmensa explanada que conforma el zócalo. Se desplegaban en palacio un frente de soldados que de tan quietecitos y ordenados me parecían no ser reales. No se va al centro histórico en 2 de octubre, o bueno no sería lo más sensato, claro que yo nunca he sido sensata.

Caminamos por calle I. Madero hacia la torre latino y nos recibió la gran sorpresa que ha sido peatonalizada. La fiesta de edificios seguía su desfile. Tapizábamos la calle un sinfín de personalidades que en su conjunto bordamos México, un pueblo fusionado. No somos el español Sanborns de los azulejos, ni el performance azteca de grandes penachos o el americano Mc Donalds que yace ahora en lo que habrá sido una vieja casona, somos una nueva idiosincrasia que nos reinterpreta como mexicanos.

Caminando sin buscar, pero dispuestos a encontrar descubrimos el MUMEDI (museo mexicano del diseño). Este pueblo talentoso me dejo ver un sinfín de ideas y juegos de alegres materiales y creativas historias. Se pueden comprar chochitos “pa’l mal de amores” o “para desapendejar” (aunque si el mal es crónico, no se asegura su eficacia), tomar una copa con un buen amigo o ver las nuevas propuestas de mobiliario. Un poco más adelante y dando vuelta en la esquina entramos a lo que podría ser la capital del pan, o la panadería "La Ideal". Nunca vi tanto pan junto y gente por todos los pasillos con charolas de donas, garibaldis, conchas y gelatinas. En la planta alta hay un piso entero para exhibición de pasteles de todo tipo, algunos de ocho pisos y otros de flores, fuentes y colores llamativos que asumo no matan o lo hacen lento.

A momentos cerraba los ojos para permitir a mis oídos disfrutar las melodías urbanas. Algarabía pura, primero un organillero que se mezcla a lo lejos con las risas de unos niños y la señora que vende discos. Más adelante tres chicos juegan con guitarras y un señor canta a capela en la otra esquina. Enfrente de los barecitos un peculiar grupo de chicos tocan jazz con nariz roja de payaso, bastante buenos me atrevo a decir. Que grande es México, mi hermoso México.

Es hora de comer, recorremos la Alameda. No es domingo, así que no estará la magia que pinto Rivera, pero imagino aquel utópico día del muralista. Atravesamos al hotel de Cortes. Vaya recuerdos, y no es más que un pequeño momento de vanidad. La comida es excelente y el vino casa Madero corre su rojo apasionado en copas que podrían pertenecer a algún Picasso. Fingiéndonos turistas visitamos uno de los cuartos. Se han construido como estaba proyectado. Lo mejor es la terraza tapizada en juegos de madera que baila y da movimiento al espacio. Ya volveré un viernes por la noche por una copa y una buena platica.

Para despedirnos Manuel Felguérez nos guía a casa. Ironías de la vida, este viejecito que hoy alegra Paseo de la Reforma me despidió de Madrid, al menos por ahora. Sábado, un día de foto, de mujer realizada, feliz y soñadora.

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