sábado, febrero 18, 2012

La mujer que sabía volar

Quiero contarles que conocí una mujer que sabia volar. Era capaz de elevarse hasta lo más alto y reinventarse. Era una princesa apiñonada, segura y altiva, pero con una gran sonrisa. Había magia en su mirada, y como miembra activa de la realeza, era demandante y exigente, pero bondadosa. Era yo una niña cuando ella flotaba como si la vida fuese fácil. Los que la rodeaban, podrían asegurar que la vida le servía en bandeja de plata como si fuese su consentida, pero yo que le conocí de cerca les puedo asegurar que no tuvo más privilegio que una extraordinaria fuerza interna.

Ahora recuerdo esos pasitos tiernos de los últimos años, su pelo blanco, sus ojos brillantes, y la fuerza del mar. Como olvidar que me guardaba mi gelatina en un huequito del refrigerador para que no la comieran los demás o que rezaba cuando me titule para que contestara todo muy bien. “Una niña jamás esta sola” me decía, pero “tú eres todo lo que necesitas”. Ay! Y mi favorita “si te ha de llevar la ch…, que te lleve en un buen jinete”. Eso sí, ni quien lo pueda negar, que buen sentido del humor tenia.

Ojala yo hubiera sido más observadora, habría notado que su secreto era no tener miedo. Supongo que eso te lo da la fe. Ella invento sus reglas, vivió a su manera, jugó su juego, fue la mujer que quiso ser, su mejor versión. Para volar hay que ser rebeldes, seguras, agradecidas y con un corazón de oro para romper la gravedad mundana. Encontré una frase muy linda que nos dejo quizás como su despedida “pase lo que pase voy a amarme hasta el último minuto de mi vida”.

Adiós a la mujer valiente que marcó mi vida, adiós a la sirena que viajaba libre mientras su canto hechizaba, adiós a la mujer brillante, inteligente y femenina, adiós abuelita que Dios te bendiga.